Calienta ligeramente el caldo (tibio, no caliente): el olor es lo que despierta el apetito.
Vierte un par de cucharadas sobre su pienso de siempre.
Añade unas hebras de pollo o pescado por encima.
Sirve enseguida, mientras huele.
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Recuerda: esto complementa su comida, no la sustituye. Para una dieta casera permanente hace falta un nutricionista veterinario que la calcule y la suplemente. Y antes de cocinar, repasa la lista de alimentos tóxicos.
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